La educación durante la ilustración española: Jovellanos

 

En el siglo de la Ilustración española la educación únicamente importaba a una minoría. Esta situación se debe a que la nobleza recibía su instrucción de manos de un preceptor o en las universidades; el clero en escuelas monacales o también en universidades y el pueblo llano no se formaba, sino que se dedicaba a trabajar. La Iglesia, institución bajo la que recaía el monopolio de la educación, le insistía al vulgo y a los campesinos en su condición de súbditos que obedecen a un señor. Hay que tener en cuenta que no había un sistema educativo semejante al actual, sí que había escuelas de primeras letras (muy pocas), y sobre todo conventuales, monacales y parroquiales, a parte de las universidades que tenían un origen pontificio.

En la España del siglo XVIII se planteó un modelo asistencial-regeneracionista que consistía en primer lugar, en evitar la ociosidad y el vagabundeo de los niños, y por otro, tomar conciencia de la utilidad de la formación en los infantes. La educación según Jovellanos comprende el conjunto de todas las virtudes y principios de la sana moral, además de valores tales como la caridad, la buena fe y la docencia. Otra de las características del término educación es la defensa del comienzo de la educación en el hogar y debe recaer en manos de los padres, pero si esta condición no se puede llevar a cabo, el estado deberá de ofrecer diferentes opciones con tal de que la educación que reciban fuera de casa alcance casi la misma calidad que la del seno familiar. También exalta la supremacía de la educación sobre las costumbres para poder conseguir así una igualdad de sexos en actividades que hasta ahora tan sólo podían ser llevadas a cabo por varones, como la caza.

Jovellanos sostiene que el origen de toda prosperidad es la instrucción pública, e decir, una educación extensible a todos los ciudadanos u hombres civiles con independencia de su origen social. Piensa que la educación, mejora al ser humano puesto que le proporciona los medios necesarios para garantizar su bienestar y así alcanzar la felicidad que es el fin último de cualquier instrucción. Por otro lado, la educación nos conduce a perfeccionar las fuentes de riqueza de los individuos y la sociedad; mejorando la agricultura, la economía, la industria y el comercio.

Viendo como el principio de esta instrucción es la educación pública, según avanza el siglo XVIII, comienza una defensa hacia esta, es decir, una educación extensible a todos los ciudadanos con independencia de su origen social, puesto que reconoce que todos los jóvenes forman parte del estado y están dentro de una sociedad a la que contribuyen positiva o negativamente en función del grado de instrucción recibida. Jovellanos afirma que esta educación debe basarse en la moral que lleva la paz, el orden y la virtud a los estados, por lo que es muy importante inculcar a los jóvenes unos principios morales de los cuales actuarán de la forma más correcta. Se presta mucha atención a que los jóvenes sepan andar y sentarse, enseñarles música y otras disciplinas olvidando lo más importante que es la ciencia de la virtud. En la educación pública la asignatura fundamental es la ética que conlleva la noción del derecho natural de donde derivan sus principios, del derecho social y el de los ciudadanos que tienen el mismo origen. Aunque ésta tiene varios errores, los cuales Jovellanos está dispuesto a corregir.

A partir de la obra titulada Bases para un plan general de instrucción pública, Jovellanos trata de realizar un plan general de estudios, el cual nunca llegó debido a la caída de la Junta Central, en la que él trabajaba. Las bases de la obra están dirigidas a la junta de Instrucción Pública para que esta medite y proponga una serie de métodos ya establecidos por Jovellanos, para mejorar, promover y extender la instrucción nacional. Por lo que analiza y trabaja con las siguientes materias: la educación física, la educación literaria, la aritmética, el estudio de la lengua castellana, latina, griega, hebrea, italiana, inglesa y francesa y las ciencias. Justifica la enseñanza de estas materias con la perfección física, intelectual y moral de los ciudadanos.

Como conclusión, Jovellanos propone un sistema de educación pública accesible para todos los jóvenes independientemente de su condición social, ya que piensa, que una instrucción basada en la moral, en la virtud y en una serie de materias que contribuyen a una mejor formación de los jóvenes; creando así ciudadanos que actúen con virtuosidad y contribuyendo a une mejora de ellos mismos y de la sociedad, persiguiendo el bien público y la felicidad que es el último fin de la educación.

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